A través de una encuesta, se registra el impacto del COVID-19 en el abastecimiento y nutrición de hogares en zonas rurales y urbanas de México, Guatemala, Colombia, Ecuador y Chile.

En el marco del proyecto Siembra desarrollo. Pequeña agricultura y alimentación resilientes al COVID-19, financiado por IDRC, el equipo de investigación de Rimisp ha comenzado a aplicar una encuesta para medir los efectos de la pandemia en la seguridad alimentaria y los patrones de consumo de hogares de zonas urbanas y rurales en 5 países de América Latina.

Los cuestionarios se realizarán -hasta mediados de diciembre- vía telefónica en un total de 10 territorios: los estados de Puebla y Tabasco (México), los departamentos de Alta Verapaz y Sacatepéquez (Guatemala), los departamentos de Nariño y Huila (Colombia), las provincias de Guayas y Los Ríos (Ecuador) y las regiones de La Araucanía y Los Lagos (Chile).

Esta es la primera etapa de la aplicación de esta encuesta, que contribuirá a generar evidencia empírica, con enfoque de género, sobre cómo la crisis del COVID-19 está impactando en los sistemas agroalimentarios y, por consecuencia, en la seguridad alimentaria de las familias. La segunda fase, y final, se tomará en 2022, para registrar cambios en los patrones de consumo 2,5 años después del brote en Latinoamérica.

“La encuesta es un importante punto de partida para el proyecto. Nos permite tener una primera idea de la situación general del sistema agroalimentario cuando la pandemia está lejos de superarse y su impacto se ha venido acumulando durante meses” dice el coordinador del proyecto e investigador de Rimisp, Miguel Albacete.

Sobre la encuesta

El instrumento se compone de 3 módulos: caracterización socio-económica del hogar, seguridad alimentaria y patrones de consumo.

El segundo (seguridad alimentaria) se basa en la escala Food Insecurity Experience Scale (FIES), una metodología internacionalmente validada que mide la inseguridad alimentaria de los hogares a través de sus experiencias.

En esta línea, la encuesta incluye preguntas sobre el tipo, cantidad y lugar de compra de alimentos; el papel y percepción de los nuevos canales de comercialización; y la experiencia en términos de suministro y precios durante la pandemia.

En los últimos 3 meses, ¿ha habido algún momento en el que Ud. u otra persona en su hogar se haya preocupado por no tener suficientes alimentos para comer por falta de dinero u otros recursos?”, es una de sus preguntas.

Evidencia empírica

El instrumento permitirá “conocer qué estrategias han adoptado los hogares, si las ayudas públicas han llegado a los hogares afectados y cómo ha cambiado la manera en la que los hogares adquieren sus alimentos” apunta Albacete.

Asimismo, los investigadores podrán evaluar la magnitud de la recuperación, así como si aquellos nuevos hábitos de consumo de la nueva normalidad efectivamente han venido para quedarse.

“Con las medidas de distanciamiento social, la reducción de los ingresos y la disrupción de algunas cadenas de suministro y sus eslabones, la forma en la que los hogares adquieren los alimentos ha cambiado. Esto tiene una gran importancia para los actores del sistema agroalimentarios, quienes han de adaptarse a esta reconfiguración de la demanda. La encuesta nos permite identificar tendencias y empezar a trabajar en esa dirección“, agrega el investigador.

Foto: México/World Bank

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