Análisis de territorios rural-urbanos de Chile, México y Colombia refleja que estas familias son principalmente monoparentales, cuentan con más personas sobre los 65 años, y usan intensivamente la locomoción colectiva para acceder a centros de salud.

“Vulnerabilidades frente al COVID-19” es el tema del último estudio del Observatorio de Género, Mujeres y Territorios de Rimisp – Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural.

El equipo de investigación, conformado por Daniela García, investigadora principal de Rimisp; David López, investigador; y Valentina Cortínez, investigadora asociada y coordinadora del Observatorio, analizó los datos de la encuesta Transformando Territorios -aplicada a más de 12.000 hogares en territorios rural-urbanos de Chile, Colombia y México- para indagar en las inequidades que enfrentan las mujeres desde una perspectiva sanitaria.

“Esta actualización nos permite revisar indicadores asociados a vulnerabilidades que podrían surgir o reforzarse en el contexto de la pandemia. En particular, nos fijamos en indicadores que nos pudieran decir algo sobre acceso a salud, acceso a servicios de alcantarillado y composición del hogar, y cómo afectan diferenciadamente a los hogares encabezados por mujeres”, explica David López.

De este modo, los indicadores revisados en esta oportunidad por el Observatorio fueron: monoparentalidad, personas de 65 años o más en el hogar, tasa de dependencia del hogar, servicio de alcantarillado, uso de transporte público para acceder al médico, y uso de transporte público para acceder al hospital de urgencias.

Utilizando el programa de análisis de datos Stata 15, las y el investigador concluyeron que los hogares encabezados por mujeres -que son la mayoría- enfrentan mayores vulnerabilidades al COVID-19 que aquellos dirigidos por hombres.

“Son estos hogares los que tienden a ser mayormente monoparentales, lo que puede implicar una mayor carga sobre la jefa de hogar, su trabajo en el hogar y su capacidad de generar ingresos”, detalla el economista.

Además, agrega, “muestran una mayor proporción de dependientes -personas que no están en edad de trabajar- dentro del hogar. Esta diferencia se relaciona con el hecho de que en los hogares encabezados por mujeres existe en promedio un mayor número de personas mayores de 65 años, población de riesgo frente al COVID-19”.

Asimismo, el estudio concluye que los hogares encabezados por mujeres tienden a usar de manera más intensiva la locomoción colectiva, (incluyendo taxis) que los hogares encabezados por hombres. Lo anterior, considerando específicamente viajes a centros de salud. “Esto también puede ser una fuente de vulnerabilidad dadas las restricciones a la movilidad que existen bajo cuarentena”, dice López.

Así todo, el único indicador con resultado favorable para los hogares encabezados por mujeres, por sobre los dirigidos únicamente por hombres, fue el de servicios de alcantarillado.

Finalmente, David López recalcó que “estos datos pueden servir para entender mejor la situación de las mujeres y los hogares rural-urbanos con jefatura femenina en medio de esta pandemia. El reconocimiento de esta situación puede servir para diseñar políticas sanitarias con perspectiva de género en apoyo de estos hogares”.

El estudio será publicado próximamente en la plataforma web del Observatorio de Género, Mujeres y Territorios

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