Editorial

Valentina Cortínez

A comienzos del mes de julio dimos a conocer una nueva versión del Observatorio de Género Mujeres y Territorios, el cual presenta un análisis de brechas de género en indicadores de participación social y política para territorios rural-urbanos de Chile, México y Colombia. Con un interesante conversatorio, que contó con la presencia de expertas de los tres países, interpretamos las evidencias del observatorio a la luz de la realidad de cada país, dándole un rostro y una historia a las cifras.

Los datos del Observatorio muestran claramente un panorama de desigualdad territorial y de género. En casi todos los indicadores, en los tres países, las mujeres participan menos que los hombres, y con excepción de los indicadores referidos a la participación electoral, son las mujeres de territorios más pequeños, es decir, más rurales, las que menos participan.

Sin duda, tales desigualdades tienen orígenes diversos y las mujeres de la región enfrentan constricciones múltiples para ejercer la participación, al tiempo que resisten y se articulan en espacios no formales, al margen de la institucionalidad política y por lo tanto no visibles a las estadísticas.

En el caso de Colombia, Carmenza Saldías, ex secretaria de Hacienda y Planeación en la alcaldía de Bogotá, manifestó que la baja participación de las mujeres es indisociable del largo conflicto armado, cuyo principal escenario han sido los territorios rurales y cuya violencia ha tenido un correlato especial en el cuerpo de las mujeres. Así, en Colombia el miedo y la guerra son dos elementos que han hecho muy difícil tejer comunidad.

Carolina Carrera, de la Corporación Humanas en Chile, hizo el contrapunto entre la baja participación de las mujeres en espacios formales, pero el alto interés que manifiestan de participar en el proceso constituyente que acontecerá en Chile, así como una alta identificación con el feminismo. Todo lo cual podría dar cuenta de una desconexión entre las aspiraciones políticas de las mujeres y la institucionalidad.

Por otro lado, Carla Zamora, investigadora en el Colegio de la Frontera Sur, México, señaló que la baja participación de las mujeres se debe mirar a la luz de los vicios de poder que emergen en el sistema político mexicano luego de 70 años de presencia de un partido hegemónico en el poder, que excluyó a las mujeres y más aún, a las personas indígenas y rurales. Asimismo, nos advierte que las respuestas a las desigualdades de género deben surgir desde las mismas mujeres, y que el rol de las expertas debe ser apoyar procesos en vez de imponer soluciones.

Todas coincidimos en que la crisis social, económica y sanitaria originada por la pandemia del COVID-19, ha venido impactando de forma desproporcionada a las mujeres de la región, evidenciando las desigualdades previas, pero también mostrando la relevancia de la esfera doméstica y de los cuidados para la reproducción social. Así, vemos en la pandemia una oportunidad de darle la relevancia política que merece a aquellos asuntos que las mujeres lideran, señalando con fuerza que lo que ocurre en la esfera doméstica y comunitaria, es clave para la reproducción de la vida y el bienestar social.

Como Rimisp, estamos comprometidas con evidenciar que las desigualdades de género son sensibles a los contextos donde se habita. Si bien esta historia está cambiando, no lo hace en todos los lugares por igual. El lugar donde se habita, sigue siendo determinante

 

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