Según una investigación de Rimisp, sobre sus trayectorias y aspiraciones, las condiciones contextuales, familiares y personales, favorecen o impiden el tránsito hacia la vida adulta, para los jóvenes rurales.

“Estudio de trayectorias y aspiraciones de jóvenes rurales en México” es el nombre del estudio de Anidelys Rodríguez-Brito, doctora en Ciencias Sociales y Políticas, publicado por Rimisp en diciembre de 2019.

La publicación revela que este grupo -pese a contar con más estudios que las generaciones previas- vive un tránsito adelantado hacia el primer empleo, a salirse de la escuela, al matrimonio o el primer hijo o hija. Se evidencia, además, que, en comparación con los jóvenes urbanos, los rurales incurren más en empleos de corte informal.

Este grupo, por cierto, representa el 40% de los jóvenes de todo México. Y aunque no es posible hablar de un “joven rural tipo”, el estudio indica que 6 de cada 10 viven en situación de pobreza. 2 de ellos enfrentan la pobreza extrema.

Por su parte, todavía persisten las construcciones tradicionales de género, que afectan, sobre todo, a las mujeres jóvenes rurales. Aunque se han cerrado las brechas respecto a generaciones anteriores, y acceden, cada vez más, a espacios de formación educativa, presentan una mayor participación en actividades no remuneradas.

En esta línea, también sufren discriminación los jóvenes indígenas -por su condición étnica- los cual opera como un gran muro en la transición a la vida adulta. “Muchos de ellos viven procesos de asimilación cultural fuertemente marcados por la ruptura o negación de sus raíces culturales, lo que conlleva a la pérdida de tradiciones y de la lengua materna”, dice el estudio.

Para conocer los factores que facilitan u obstaculizan dicho tránsito, la investigadora aplicó como metodología la técnica de investigación cualitativa “historias de vida”, integrando relatos y documentación sobre 16 jóvenes rurales, de entre 21 y 31 años.

Además, parte de la documentación consideraba políticas, programas y acciones federales, estatales y municipales, donde algunos de ellos “benefician” a los jóvenes rurales y han apuntado hacia su inclusión. Sin embargo, advierte el estudio, “estas políticas deberán trascender su esencia asistencialista, e involucrar activamente a los jóvenes rurales en tanto gestores de su propio desarrollo”.

De esta manera, para el grupo de jóvenes rurales -de variopinta conformación- es transversal la manifestación de una serie de obstáculos, o “barreras estructurales, contextuales y familiares”, que afectan su tránsito hacia la vida adulta.

En ellas destacan las oportunidades educativas y laborales, las condiciones socioeconómicas del hogar, la situación de inseguridad de cada territorio, así como el capital social de cada joven, “determinante en los destinos migratorios, las posibilidades de empleo”, añade el estudio.

Asimismo, las redes de familiares y amigos, de cada joven, constituyen “en muchos casos, las vías fundamentales de acceso al empleo”.

De esta forma, la publicación remarca que las dinámicas económicas territoriales, y el capital social, resultan “cruciales” en sus trayectorias y expectativas. ¿Obstáculos o fortalezas? Dependerá de cada contexto.

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