En el Patía, un municipio rural del departamento del Cauca (Colombia) Olga Truque es una mujer que lidera diversos escenarios de participación política. Al integrar el proceso de mujeres macizeñas del Comité de Integración del Macizo Colombiano (CIMA) ha aportado a la construcción de la memoria histórica y a la incidencia política de las mujeres del territorio a nivel departamental. También integra el proceso “Capacidades para la Incidencia” una iniciativa liderada por Rimisp, en alianza con el Instituto de Estudios Interculturales (IEI) de la Javeriana de Cali y la Fundación Avina, con el apoyo de la Delegación de la Unión Europea en Colombia.

Su relato es un caso destacado, por cuanto, según datos del Observatorio de Género, Mujeres y Territorios de Rimisp, en Colombia se evidencian brechas en los territorios urbano-rurales con mayor incidencia en las zonas rurales.

Olga describe su experiencia como enriquecedora teniendo en cuenta que, si bien aporta conocimiento, también se nutre de las experiencias de trabajo de las mujeres, sus familias y las comunidades para desarrollar iniciativas productivas dirigidas a sus pares rurales. “Identificar la economía del cuidado o llevarlo a una incidencia política e institucional es importante, porque existen muchas limitaciones y la pandemia nos lo dejó al descubierto” afirmó.

Dialogamos con ella para conocer cómo, a pesar de los desafíos que enfrenta, ha logrado atravesar barreras y avanzar en su propósito para transformar la realidad de sus territorios.

¿Cuál ha sido el escenario de participación política donde ha logrado una mayor incidencia?

“El principal escenario ha sido la misma comunidad, realizando un trabajo con las mujeres campesinas en la parte productiva. Ese es el más importante, pero también hemos incidido en la Plataforma de Mujer Rural a nivel nacional, y en la Agenda de Paz de las Mujeres del Cauca; donde varias organizaciones construimos esta herramienta para hacer incidencia política e institucional.

¿En qué consiste la Agenda de Paz de las Mujeres del Cauca?

“Es una agenda común que construimos mujeres campesinas, indígenas y afrocolombianas para hacer incidencia política con cuatro ejes que consideramos muy importantes: a) Territorio y la vida de las mujeres libre de violencia y sometimientos armados; b) Erradicación de la violencia contra las mujeres; c) Acceso efectivo de las mujeres caucanas a la tenencia de la tierra; d) Reconocimiento y garantía para la participación política de ellas”.

¿Qué incidencia ha tenido esta agenda en la construcción de políticas públicas?

 “Cuando se formuló el Acuerdo de Paz en Colombia, vimos una oportunidad. Actualizamos esta agenda dándole un contexto de diálogo y en el periodo electoral, llamamos candidatos para hacer compromisos con cada eje. Eran muchas las organizaciones de mujeres que también estaban realizando este tipo de incidencia y gracias a este ejercicio, se logró abrir una Secretaría de la Mujer en la Gobernación del Cauca. De ahí en adelante hemos venido haciendo incidencia en los diferentes escenarios locales y departamentales. Los Acuerdos de Paz, a la fecha, no se han cumplido en su totalidad, es una deuda para seguir transformando el campo”.

Desde su experiencia, ¿cuáles son las barreras que enfrentan las mujeres rurales en participación política?

 “El Cauca es un territorio muy fuerte con la participación de sus mujeres, con sus organizaciones sociales, pero la institucionalidad debería acoger todas estas propuestas y llevarlas en marcha. La política está construida pero la principal barrera es su desarrollo, los cambios institucionales y la falta de articulación institucional para defender los derechos de las mujeres.

En términos de participación electoral, hay una barrera que es la ‘politiquería’. Hay compra de consciencias. No hay una participación equitativa por las capacidades de la mujer sino por llenar los requisitos. Los escenarios en los que hemos venido abriendo camino es porque las organizaciones de mujeres hemos venido trabajando en los procesos de transformación en las consciencias, sin embargo, lo hacemos con mucha dificultad”.

¿Cree que las mujeres jóvenes que habitan en estos territorios rurales, tienen más oportunidades para incidir en espacios de participación política?

 “Hay un gran desplazamiento de hombres y mujeres jóvenes hacia la ciudad buscando mejores oportunidades porque no se ha visto un desarrollo local. Por lo tanto, estamos trabajando en recuperar la identidad campesina revisando las potencialidades de nuestro territorio, como, por ejemplo, cómo recuperar el agua y el ambiente para poder ejercer nuestra producción. Lo que hacemos es incentivar a la juventud para que salga a formarse y a intercambiar sus saberes en la universidad, pero también con el ánimo que ojalá regresen para construir empresa de las potencialidades que tenemos en el campo”.

¿Cómo promover la participación de las mujeres rurales en esos escenarios?

 “Primero entender y priorizar esas necesidades desde lo rural para poderlas sacar adelante en la parte educativa, de autonomía y empoderamiento económico y en la parte de comercialización de sus productos. Es importante que las instituciones realicen las compras públicas, al menos el 20%, plasmado en la resolución 464 de 2017 de la economía campesina y comunitarias. La autonomía y el empoderamiento económico de las mujeres se logra interpretando sus necesidades y siendo parte de la solución”

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