Las voces de tres lideresas de distintos territorios se unieron a la propuesta del Observatorio de Género Mujeres y Territorios de Rimisp, para compartir sus experiencias y las de sus comunidades en el contexto de la pandemia del coronavirus. Leticia Ortiz Sosa, de México; Mafalda Galdames, de Chile y Leidys Ramírez, de Colombia, participaron en el Conversatorio “Mujeres y territorios rurales frente al COVID-19, realizado en días pasados y que contó con la conducción de Valentina Cortínez y Daniela García.

La sobrecarga del trabajo que ha recaído en las mujeres y los problemas de conectividad para continuar con la educación de los hijos, desde casa, son dos de los aspectos más coincidentes dentro de los testimonios que las invitadas expusieron. Pero así también, las soluciones que se han ido aplicando las mujeres, a los diferentes problemas que ocasionaron las medidas de emergencia y la enfermedad en sí, fueron parte de este espacio enriquecedor y dinámico.

Actualmente, Colombia es el segundo país con el mayor número de casos positivos en América Latina. Según los datos proporcionados por Johns Hopkins University hasta el 13 de enero pasado, este país registraba  1.8 millones de personas que habían contraído la infección. En ese contexto, la experiencia de Leidys Ramírez, licenciada en Ciencias Sociales y experta en Interculturalidad, Desarrollo y Paz Territorial, resaltó la acentuación del papel de “la mujer multitarea, que además de ser ama de casa, de tener obligaciones laborales, ha tenido que hacer frente a la educación de los hijos desde casa”, esto último se ha visto alterado por los problemas de conectividad a Internet que existen en la ruralidad colombiana.

Esta problemática también fue señala por la regidora de Salud del Municipio San Cristóbal Amoltepec en México, Leticia Ortiz, quien explicó que a las dificultades para acceder al servicio de Internet en el campo, se suma la falta de recursos económicos para contratar este servicio. Ingresos que además se han visto disminuidos por la reducción de las actividades laborales, tanto por la pérdida de los empleos, generada por la crisis, como por la falta de tiempo de las mujeres, quienes, al dedicarse a la educación de sus hijos en el hogar, no pueden trabajar de forma permanente.

De su parte, la chilena Mafalda Galdames, socia fundadora de la Asociación Nacional de Mujeres Rurales e Indígenas (Anamuri) y magister en estudios sociales y políticos latinoamericanos, señaló que una de las mayores afectaciones en los territorios rurales fue la distribución de alimentos que no “respetaron la identidad cultural de los habitantes de las comunidades”.

Estos impactos que han afectado a las mujeres de los territorios rurales de Colombia, Chile y México propiciaron la búsqueda de soluciones desde las propias comunidades. De esta manera, un factor común en los territorios es la utilización de la medicina y saberes ancestrales para enfrentar los síntomas y los contagios del coronavirus. De la misma manera, registran un retorno a las actividades de siembra para obtener los alimentos para el sustento y de trueque e intercambio de alimentos entre los pobladores.

Mafalda compartió las vivencias registradas en estos procesos de intercambio de los productos, que desde Anamuri, ya se realizaban con anterioridad, pero que fueron potenciados en la pandemia y que incentivaron las economías locales. Igualmente se realizaron talleres “en donde las propias compañeras impulsaron la producción de huertas desde sus casas” además se impartieron conocimientos sobre hierbas medicinales para prevenir y enfrentar diversas enfermedades.

Leidys cree que la emergencia sanitaria ha evidenciado la resiliencia y la autogestión para la supervivencia. “Colombia ha pasado por varias crisis, en las que hemos tenido que reinventarnos para hacer identidad, cultura, para sobrevivir y como siempre las mujeres somos generadoras, anidadoras de estos procesos”. Cree que todos los saberes que han sido revalorados durante esta crisis, como la medicina y la agricultura tradicional, puede ser aprovechados y fortalecidos por medio de la política pública.

Leticia cree que desde el sector público se puede fomentar la formación de promotores “para tiempos difíciles, como una solución para apoyarnos entre nosotros, en aspectos como la educación de nuestros hijos”. Señala que la búsqueda y concreción de espacios dignos para las mujeres rurales es una necesidad que no debe verse frenada por los efectos del Covid-19.

Por su parte, Mafalda tiene puestas sus esperanzas en la nueva Constitución Política, que logre los cambios necesarios en el “extractivismo, para que se vaya por la defensa del agua y de los territorios, ya que, sin agua, ni tierra, no hay vida”. Igualmente apunta a una revalorización de la interculturalidad, al colocar la solidaridad y el intercambio, entre otros valores, como baluartes de los pueblos indígenas que pueden ser compartidos por la sociedad.

Para Leidys la importancia de la familia como un espacio de contención durante los confinamientos y mientras se desarrolla esta crisis, la lleva a proponer estrategias, que deberían plasmarse en políticas públicas, que fortalezcan la institucionalidad familiar como núcleo y dentro de este, a la mujer en su papel central.  De igual manera, considera que la formalización de los medios informales de trabajo, la garantización de protección social, el fortalecimiento de las redes de mujeres son aspectos fundamentales para lograr un desarrollo incluyente.

Durante el Conversatorio, la investigadora de Rimisp, Daniela Guzmán, presentó una actualización de los datos de la Encuesta sobre Dinámicas Territoriales y Bienestar, desarrollada en conjunto por Rimisp, la Universidad de Los Andes en Colombia y la Universidad Iberoamericana en México, representativa de los territorios rural-urbanos de estos tres países. Esta actualización de vulnerabilidades frente al Covid-19 puede ser revisada en el sitio web del Observatorio de Género Mujeres y Territorios.

A manera de conclusión, la coordinadora del Observatorio de Género de Rimisp, Valentina Cortínez, recalcó la falta de repuesta de los estados frente a la sobrecarga de trabajo que está afectando a las mujeres, en una crisis que está por cumplir un año. Enfatizó en la falta de estrategias o alternativas que solucionen la falta de apoyo a las mujeres en aspectos fundamentales como la escolarización de los hijos en casa, al mismo tiempo que sus tareas laborales y domésticas también se ven incrementadas.

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