La participación política de las mujeres ecuatorianas no ha llegado a consolidarse a pesar de contar con un marco legal que incentiva y protege el ejercicio de los derechos políticos, consagrado en el artículo 65 de la Constitución Política del Ecuador.

Varias son las causas que impiden el cumplimiento de este derecho, principalmente en la presentación para la elección de las diferentes autoridades de selección popular. La violencia política que sufren las mujeres, y que deriva en una menor participación en los procesos democráticos, es una de las aristas de un análisis cada vez más necesario.

El artículo de la constitución señala que el “Estado promoverá la representación paritaria de mujeres y hombres en los cargos de nominación o designación de la función pública, en sus instancias de dirección y decisión, y en los partidos y movimientos políticos. En las candidaturas a las elecciones pluripersonales se respetará su participación alternada y secuencial. El Estado adoptará medidas de acción afirmativa para garantizar la participación de los sectores discriminados”.

En la práctica, esto no está ocurriendo, por ello el Consejo Nacional Electoral del Ecuador (CNE) estableció una vigilancia sobre el cumplimiento de lo determinado en las leyes nacionales. De la observación realizada a los procesos electorales, entre 2009 y 2017, determinó que, en las candidaturas principales para la dignidad de Presidente y Vicepresidente, las cifras reflejan una baja participación política de la mujer, de manera especial en el año 2013, en donde el 100% de los participantes son hombres. Esta relación se mantiene entre las candidaturas suplentes en donde también la participación masculina lidera. De manera general en las candidaturas principales, los hombres superan a las mujeres en un 75,0%. En lo referente a los cargos de carácter territorial, “la diferencia entre candidatas y candidatos propuestos por las organizaciones políticas, para las Prefectura y Viceprefecturas, es notoria”, señala el análisis del organismo electoral.  Aproximadamente el 85% de candidatos son hombres.

Para el cargo de Alcalde Municipal se evidencia, igualmente, la superioridad de candidatos frente a candidatas. La desigualdad de género se muestra no solo al momento de inscribir las candidaturas; sino también en los resultados de la elección. Es así que en los periodos analizados más del 90% de las alcaldías han sido obtenidas por hombres.

La investigadora de la oficina de Rimisp en Ecuador, la economista Eugenia Quingaísa, concuerda con estos resultados. “La participación política de las mujeres, si bien es cierto, en los últimos años en el Ecuador se ha incrementado, todavía es incipiente. Tenemos casos como el de la Alcaldesa de Guayaquil, algunas Prefectas y Viceprefectas en varias provincias, pero no es suficiente. Desde el momento en que se presentan las candidaturas, en los puestos principales, generalmente, son para los hombres y como un “complemento” se coloca en la lista a las mujeres, muchas veces porque las organizaciones políticas esperan potenciar así el voto femenino”, manifiesta.

La elección de Vocales de Juntas Parroquiales no es la excepción cuando se trata de mostrar la baja participación política de la mujer, la paridad se cumple al igual que en otros cargos de elección popular, en los candidatos suplentes, pues en este aspecto el porcentaje de candidatas mujeres supera al porcentaje de candidatos hombres. La superioridad del género masculino en las elecciones de los procesos electorales analizados superó ampliamente al porcentaje de candidatas electas del género femenino, con un 75% de participación de candidatos, frente al 25% de candidatas para este cargo, que es uno de los de mayor importancia en la ruralidad, al constituirse en un nivel de gobierno autónomo descentralizado (GAD).

En el Ecuador existen 1140 parroquias rurales.

La apariencia y la incapacidad se utilizan para agredir a las mujeres

En este contexto, vemos que las posibilidades para las mujeres de participar y acceder a cargos de elección popular siguen siendo menores que para los hombres. Al indagar las causas que provocan esta situación, hemos incorporado uno de los conceptos de más reciente análisis que existen sobre esta temática en el Ecuador: la violencia política.

La violencia política constituye uno de los elementos más graves que desincentivan la participación política de las mujeres y para combatir esta práctica es necesario visibilizarla. Con esta premisa, la corporación ecuatoriana Participación Ciudadana (PC) está realizando el monitoreo sobre este tipo de violencia contra las mujeres políticas y aquellas, que desempeñan cargos políticos de relevancia y que son víctima de agresiones en redes sociales.

La observación que mantiene desde el 1 de diciembre de 2019, a las expresiones, memes, imágenes y frases publicadas en la red social Twitter, en contra de 31 mujeres con representatividad pública, entre ellas funcionarias públicas, periodistas y miembros de la sociedad civil, evidencia que “las mujeres que ejercen cargos públicos son violentadas por una sociedad que reproduce la creencia de que son menos capaces los hombres para desempeñar este tipo de actividades”, manifestó Ruth Hidalgo, directora ejecutiva de PC, durante la presentación de los resultados.

Fuente: Corporación Participación ciudadana

Hasta abril de 2020 el crecimiento de este tipo de agresiones se había incrementado de forma exponencial. Es así, que, desde diciembre de 2019 hasta abril de 2020, se produce un aumento de 448 tweets violentos a 1120 publicaciones en contra de las mujeres que son parte de la muestra.

“Cínica”, “maldita”, “payasa”, “ladrona”, “vieja”, “gorda”, son algunas de las 473 expresiones agresivas que ha recogido el monitoreo de esta organización, que las ha clasificado por aspectos como violencia política desvalorizante al rol de la mujer, referida a la apariencia, orientada a la cosificación de la mujer, por etnia, por rol de género y por clase social.

“La violencia política es real. Y eso está limitando la participación política de las mujeres, las está deteniendo en su derecho a ganar espacios de decisión política, de poder y de toma de decisiones importantes”, señala Ruth Hidalgo.

El tipo de expresiones que se utilizan para atacar a las mujeres que están en política tienen que ver con su apariencia, los roles, su capacidad para desempeñar los cargos públicos, demuestran que las mujeres son proclives a sufrir la violencia y eso se traduce al espacio político y público. “Muchas mujeres quisieran participar en estos espacios, pero esta realidad las frena”, puntualiza.

Eugenia Quingaísa reflexiona sobre estos resultados, que revelan un escenario poco favorecedor para el ejercicio de los derechos democráticos de las mujeres. “Si bien es cierto, las redes sociales se han convertido en un instrumento de ataque generalizado para casi todo tipo de temas y es en el ámbito político que se nota una tendencia hacia la agresividad aún mayor. Es innegable que las mujeres que se dedican a la política llevan la peor parte. Ataques, comentarios denigrantes y expresiones que se vierten sobre determinadas funcionarias o activistas, se emiten por el hecho de ser mujeres. Se tiende a indagar mucho más en el pasado, la profesión o la trayectoria de una mujer que se dedica a la política, que en la experiencia de un hombre.  Y se intenta “justificar” que alguna funcionaria, asambleísta o cualquier mujer en el servicio público ha logrado determinada dignidad, por su belleza física, antes que por su capacidad”

El monitoreo también identificó expresiones y frases de violencia política que se construyen con el uso de violencia gráfica como los emoticones y contenido multimedia, que también se relacionan con referencias violentas. Durante el periodo de monitoreo se contabilizaron 282 contenidos multimedia violentos, entre emoticones, memes, fotografías, caricaturas y vídeos violentos.

Para PC, así como para diversos colectivos y plataformas de mujeres y de mujeres en actividades políticas una de las mayores soluciones a esta realidad puede venir de la aprobación de una normativa que sanciones estos comportamientos y expresiones antes de las próximas elecciones presidenciales, previstas para febrero de 2021.

“Esta violencia es determinante en el temor de muchas mujeres con capacidades para presentarse a los cargos o dignidades políticas. Muchas veces, en vez de liderar los procesos en sus organizaciones políticas, prefieren mantenerse con un perfil bajo y ocupar cargos menores, para evitar la exposición pública. Las mujeres también reciben fuertes críticas, si se percibe que por sus responsabilidades en cargos políticos altos “están dejando de lado o abandonando” a su familia, lo cual no sucede con los hombres. Además de las reformas legales, es indispensable un cambio de concepción sobre lo que debe ser la participación política de las mujeres.”, indica la economista investigadora de Rimisp.

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