A propósito del más reciente convenio firmado entre el Observatorio para la Equidad de las Mujeres (OEM) de la Universidad Icesi de Cali en Colombia y el Observatorio de Género “Mujer y Territorio” de Rimisp, dialogamos con Lina Fernanda Buchely Ibarra, Directora del OEM, sobre cómo a través de la medición y el análisis sistemáticos ha sido posible comprender los desafíos que enfrentan mujeres rurales en diferentes dimensiones.

Teniendo en cuenta que el Observatorio de Género “Mujeres y Territorios”, presentó recientemente un análisis de indicadores relacionados con las brechas que enfrentan las mujeres en diferentes escenarios de participación política, Lina Buchely menciona que una de las mayores limitaciones  es el tiempo que dedican al trabajo de cuidado y mantenimiento en el hogar, e inclusive “en zonas  rurales donde la  cobertura en servicios públicos como agua potable o electricidad es limitada, la ausencia de participación es más evidente”, puntualizó la directora.

Estos factores, según la directora del OEM, “triplican el trabajo de las mujeres que constantemente deben ir a lavar la ropa en las zonas de la rivera y deben adecuar sus tiempos a los momentos del día en el que existe posibilidad de conectarse a las baterías para la energía eléctrica o tienen también que ajustarse a los tiempos de sus familias para acompañar a los dependientes enfermos a las cabeceras municipales o a las partes más cercanas”, afirmó.

Señaló, además, que en los espacios de participación comunitaria hay presencia de mujeres, pero desde un rol anclado a lo social, a un trabajo emocional, donde generalmente son las encargadas de servir los refrigerios, realizar las agendas, ubicar y contar a las personas para mantener esos vínculos. Si bien tienen su rol comunitario es muy importante, se ve invisibilizada por otra clase de procesos.

¿Cuáles considera usted que son las oportunidades     para que esta situación cambie un poco en los territorios?

Partimos de esta experiencia. En Bellavista (Bojayá) mediante un convenio que desarrollamos con el Centro Nacional de Memoria Histórica en construcción de memoria en el posconflicto, la iniciativa de la Escuela Social y Política de las Mujeres,  fue un lugar que le daba un escenario a las discusiones que las mujeres tenían en espacios de cuidado y notamos que  cuando las mujeres cocinaban o lavaban, eran escenarios de  transmisión información muy importante y muy valiosa, que se veía diluida y subvalorada justamente por los escenarios en los que se desplegaban las mujeres.

En esos espacios, sino también se hablaba de las oportunidades que tenían para acceder a nuevos beneficios que estaban conectados con la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras y las formas o las prácticas burocráticas que tenían que adoptar para lograr un resultado satisfactorio.  Eso se da por supuesto en una forma de comunicación informal o a forma de “chisme” pero lo que logramos ver es que realmente las mujeres en esos escenarios serán fundamentales para la transmisión de categorías y oportunidades que el Estado colombiano identificaba como importantes en el posconflicto. Lo que hizo esta escuela social y política fue de reunirse con esas mujeres y convertir la comunicación informal en teoría para convertirlo en una oportunidad.

En este sentido, ¿considera que las mujeres jóvenes en Colombia representan una oportunidad en sí o tienen más oportunidades para tener una mayor participación política?

Es un problema estructural trabajar en temas de género. En algunos momentos podemos encontrarnos con ciertas problemáticas en las que uno siente que no avanza. Sin embargo, los nuevos feminismos y las manifestaciones políticas en Colombia de alguna manera dan cuenta de unas emergencias importantes. Francia Márquez (activista medioambiental y por los Derechos Humanos en el país) por ejemplo, aplica mucho del cuerpo de teoría de feminismo que ancla de alguna manera sus pretensiones en la seguridad alimentaria en la comunidad en el regreso a unas realidades ecosistémicas importantes. Todas esas mujeres han logrado construir una voz y llevar la realidad muy desconocida en escenarios políticos y públicos más visibles.

¿Considera que los acuerdos de paz y específicamente la Reforma Rural Integral representa una oportunidad para cerrar brechas de participación de las mujeres rurales?

Yo creo que lo que impone el presente Acuerdo es la centralidad del problema de la tierra en Colombia, un problema que viene desde el siglo pasado y que tenía poca relevancia.  Hoy sabemos que las mujeres son las que masivamente se presentan a las rutas de reconocimiento, no solamente de despojo de tierras sino de víctimas del conflicto armando.

Estamos construyendo una nueva fotografía. Lastimosamente los primeros indicios muestran que los procesos de re-titularización y de reconocimiento de las personas despojadas, van a continuar en el marco de la masculinización, pero lo que estamos construyendo me resulta esperanzador: que las mujeres puedan moverse burocráticamente mejor que los hombres.

La alianza entre ambos observatorios reconoce el compromiso de las instituciones por promover un desarrollo rural con equidad de género en Colombia y Latinoamérica, para lo cual se avanzará en el desarrollo de líneas de investigación conjuntas sobre autonomía económica y financiera, participación política, haciendo análisis cuantitativos sobre violencia y brechas de género en los ámbitos sociales, políticos y laborales en territorios rurales. Todo esto para fomentar la divulgación de esta información, con el fin de aportar a políticas públicas que mejoren las condiciones de vida en los territorios rurales desde una perspectiva de género intersectorial

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