Aunque las mujeres representan casi la mitad de la fuerza agrícola en el mundo, enfrentan múltiples barreras que impiden aumentar su productividad. La Herramienta de Evaluación de Servicios de Asesoría Rural y de Género de la FAO (GRAST) es una Metodología creada para reducir estas limitaciones, que evalúa el enfoque de género en las organizaciones que trabajan en desarrollo rural y en los programas que estas implementan.

Apoyados por el Instituto de Desarrollo Agropecuario (INDAP), 78 especialistas de la Fundación para la Promoción y Desarrollo de la Mujer (PRODEMU) recibieron la primera de una serie de capacitaciones dictadas por Rimisp – Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural, y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) sobre esta herramienta.

Estas capacitaciones se enmarcan en un acuerdo de cooperación entre la FAO y Rimisp, para apoyar la aplicación en Chile y Guatemala de la metodología. María Gracia Toro, Directora de Programas y Gestión Regional en PRODEMU, comentó acerca de la importancia de contar con consultoras especializadas, especialmente en tiempos de COVID-19.

“Representamos a 460 grupos de mujeres desde Arica a Capitán Pratt. A diario leemos las consecuencias negativas que hoy tienen lugar y que también se espera que ocurran a futuro. Tenemos plena conciencia del rol que tenemos en este contexto: por las mujeres que están sufriendo el impacto de menores ingresos producto de la pandemia”, dijo.

La primera sesión del Taller de Metodología GRAST contempló una charla sobre género y desarrollo territorial, impartida por la Directora Ejecutiva de Rimisp, Ignacia Fernández, y una presentación explicativa de la Metodología GRAST, a cargo de Juan Ferández, asesor metodológico del proyecto, quien anteriormente coordinó la aplicación de esta herramienta en Perú, en el programa “Haku Wiñay”.

Adicionalmente, el asesor explicó los elementos del entorno y otros, organizacionales, que analiza GRAST y permite “considerar las necesidades específicas de las mujeres rurales, en los programas de asistencia técnica rural”, señaló en el taller.

En la capacitación también participó, con un saludo de bienvenida, Claudia Brito, Oficial de Género de la FAO para América Latina y el Caribe, quien se refirió a los desafíos que enfrentan las mujeres latinoamericanas y chilena: “Tienen limitaciones en términos de recursos, al acceso al trabajo decente, son víctimas de violencia de género y realizan trabajo no remunerado en sus hogares” situación que se exacerba con el COVID-19, dijo.

“Debemos comprender cuál es el entorno de las mujeres en el campo: su realidad en tanto productoras, empleadas y emprendedoras y mejorar la asistencia técnica que se provee. La FAO desarrolla esta herramienta para entender cuáles son las interacciones entre las personas que proveen servicios, las mujeres y hombres usuarios y cuáles son las políticas públicas que deben ponerse al servicio de la equidad de género en el ámbito rural enfatizó la oficial de la FAO.

«Las posibilidades de asegurar la autonomía económica de las mujeres se distribuyen de manera desigual entre los distintos territorios al interior de los países», aseguró Ignacia Fernández, Directora Ejecutiva de RIMISP. Según cifras de la Cepal, el 40% de las mujeres rurales no percibe ingresos propios. “Hay brechas que afectan negativamente a las mujeres, respecto de los hombres, y también respecto de sus pares urbanas”, agregó la investigadora.

Para este reto la Metodología GRAST contribuye a identificar fortalezas, debilidades y plantear soluciones prácticas y pertinentes para mejorar los sistemas de asistencia técnica basado en su coherencia con el enfoque de género en las instituciones de desarrollo rural en los países.

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