Durante el primer semestre de 2020, Lola Hiernaux, economista e investigadora de Rimisp, desarrolló junto a los consultores Teodoro Rivas y Pinhas Zamorano el “Estudio del potencial interno para productos de comercio justo en Chile”, encargado por la Coordinadora Latinoamericana y del Caribe de Pequeños Productores y Trabajadores de Comercio Justo (CLAC) y Fairtrade International, para indagar y promover la demanda local de este tipo de alimentos y bebidas en países productores, como Chile.

El informe analiza el potencial interno de productos como el té, café, nueces, miel, vino, jugos, chocolate y cacao, y azúcar, comercializados en la Región Metropolitana (Chile) con sellos de “Comercio justo” (Fairtrade International, World Fair Trade Organization y Fair for life) en sus envoltorios.

También, y desde una perspectiva más amplia, la investigación revisa la tendencia de consumo ético y sustentable en el país.

Comercio justo

El comercio justo es un modelo comercial que promueve patrones de producción y comercialización responsables y sostenibles. Fomenta la asociatividad y el empoderamiento de productores y productoras, dignificando el trabajo, respetando el medioambiente y los recursos naturales, y fortaleciendo canales de comercialización sostenibles y solidarios, con condiciones equitativas y precio justo”, explica Hiernaux.

Bajo ese marco conceptual, el equipo de investigación analizó el estado del arte del mercado de comercio justo, en particular, la demanda local por productos de comercio justo chilenos e importados.

Resultados

La investigación concluye que el consumidor chileno “decide su compra principalmente por las variables precio y calidad del producto”. En forma complementaria, “incorpora atributos que puedan mejorar su salud y disminuir el impacto en el medioambiente”, por lo que la demanda por productos de comercio justo en Chile es aún muy incipiente.

“El estándar de calidad y valoración justa de estos productos certificados implica que muchos hogares chilenos -cuyo presupuesto para la canasta de alimentos es restringido- no pueden optar por ningún atributo más allá del precio, aunque el interés por cadenas más cortas y procesos sustentables exista”, explica la economista.

Así todo, el informe constata que “la tendencia de consumo responsable es creciente en el mercado chileno. Las y los consumidores están cada vez más preocupados de elementos asociados a un compromiso social, como condiciones laborales y distribución equitativa de valor en la cadena de producción”.

 Para incrementar el consumo de productos de comercio justo –postula el informe– es necesaria más información para las y los consumidores, tanto sobre el concepto como de sus certificaciones asociadas.

En esta línea, “destaca la necesidad de articulación público-privada para cerrar las brechas de información, y el potencial del e-commerce para fortalecer canales de comercialización de este tipo de productos”, indica Hiernaux.

Además, “se requiere métricas nacionales asociadas, que tracen las líneas base de producción, exportaciones e importaciones de productos certificados. La incorporación de un código ‘comercio justo’ a las estadísticas nacionales resulta clave para diseñar incentivos y programas basados en evidencia”, plantea la investigación.

Aporte sostenible

El modelo de producción y comercialización que promueve el comercio justo aporta en sostenibilidad a los sistemas agroalimentarios en América Latina.

En esta línea, la especialista en Políticas Públicas por la University College London (UCL) explica que “el comercio justo vela por la transparencia y la sustentabilidad de las condiciones comerciales, laborales y medioambientales del proceso de producción de alimentos, y la distribución justa del valor a lo largo de la cadena”.

Foto: Ingrid Allende, de CLAC Fairtrade.

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