Diferentes espacios informativos, académicos, de la cooperación internacional y del análisis social han recurrido a la experiencia de la oficina de Rimisp en Ecuador, para conocer los impactos del COVID-19 en la ruralidad. Compartimos una síntesis de los aportes realizados por esta oficina durante estos meses de emergencia sanitaria.

La pandemia ocasionada por el COVID-19 ha ocasionado una serie de efectos en todos los ámbitos territoriales. En el Ecuador la expansión y la fuerza con la que se presentó la enfermedad provocaron la declaratoria de un estado de emergencia nacional, que a esta fecha dura más de tres meses. La gravedad de la crisis ha sumido a los habitantes de las ciudades y la ruralidad en un estado de incertidumbre y en la búsqueda de respuestas, frente a un futuro difícil de prever.

¿Habrá suficientes alimentos mientras dure la cuarentena? ¿Cuáles son los efectos de la emergencia sanitaria en el agro? ¿Cómo pueden enfrentar los habitantes de las zonas rurales los diferentes impactos que está generando la pandemia del coronavirus?

Estas son algunas de las interrogantes que fueron planteadas a Ney Barrionuevo, director de la oficina de Rimisp en Ecuador, en varios espacios en los que fue convocado para compartir la experiencia rimispiana, ante los embates del coronavirus en la ruralidad.

La brecha entre el campo y la ciudad y la pobreza rural, que alcanza el 41.8%, son aspectos centrales en los análisis planteados por esta oficina país, puesto que el  Ecuador ya venía  experimentando fuertes dificultades económicas  pre-pandemia. “Una crisis causada por el sobrendeudamiento, la corrupción y el crecimiento de la pobreza, lo que ha colocado al Ecuador en una situación de alta vulnerabilidad, ya que apenas cuenta con recursos o fondos de emergencia para afrontar los efectos del coronavirus”, explicó Ney Barrionuevo en la emisión on line,  del programa Tierra Productiva, en la que realizó una amplia reflexión sobre la realidad del agro, en el contexto de la emergencia sanitaria.

Así también destacó que, a pesar de esta situación, la respuesta oportuna de los sistemas agroalimentarios, encabezados por los agricultores, los transportistas, las cadenas de supermercados, los circuitos de comercialización de alimentos entre otros actores, han permitido que esta crisis sanitaria, no se haya vuelto una catástrofe alimentaria, ya que los consumidores han contado con el abastecimiento de alimentos, de forma segura y permanente, permitiéndoles mantenerse dentro de sus casas, para evitar los contagios.

Sin embargo, el reto al que se enfrentan los habitantes del campo es sostener las actividades productivas en el agro, en medio de las duras condiciones en las que se encuentra el Ecuador. El incremento del desempleo provocará una pérdida del poder adquisitivo general, que impactará en la demanda y el consumo de los alimentos, con todas las consecuencias que esto puede generar.

Y precisamente el panorama al que podrían enfrentarse los sectores rurales, debido a los impactos económicos por una posible recesión, fueron abordados durante un panel organizado por el colectivo La Raíz, en el que junto con el exministro de Agricultura, Rubén Flores, analizaron los efectos de la pandemia y las medidas tomadas para frenar la expansión del virus, así como la seguridad alimentaria. En este conversatorio, transmitido por FB Live, se debatieron las soluciones para continuar con el abastecimiento de los alimentos.

Ney Barrionuevo recordó que el Ecuador tiene un porcentaje de desnutrición crónica del 24%, que se extiende al 29% en la ruralidad. Aspecto que puede empeorar si no se mantienen las respuestas adecuadas, que faciliten la logística de transporte de los productos. “Iniciativas como los corredores logísticos seguros, los circuitos locales de comercialización a través de bioferias, canastas agrícolas repartidas a domicilio, etc. son algunas de las alternativas, que  se han presentado desde los ámbitos público y privado y que podrían potenciarse, ya que no se conoce con certeza cuánto tiempo durará esta crisis”, indicó.

Igualmente, recalcó la importancia de sostener los programas de asistencia alimentaria como el desayuno escolar, “que ahora debe abarcar a toda la familia. Ya que no es posible mantener a todas las personas dentro de sus  casas, sin garantizar su alimentación. El Estado debe contar con la cooperación de la totalidad de las cadenas de comercialización, para que se dé un suministro de alimentos a la gente que vive del día a día y no tiene recursos para comer”.

En este sentido también se expuso la necesidad de equilibrar una estrategia que salvaguarde las necesidades alimentarias del país, sin olvidar las reformas integrales que requiere el campo ecuatoriano, desde la gran diversidad que lo caracteriza y partiendo de una realidad de agricultores familiares, pequeños productores, jóvenes y mujeres rurales, que son los grupos que resultan más afectados por la pobreza.

Pero, así mismo, se evidenció cómo  la ruralidad puede generar muchas oportunidades para la recuperación de la pandemia, que van más allá de la agricultura. Diversos servicios y actividades como el turismo rural, son oportunidades que pueden aprovecharse para apoyar el repunte de esta crisis.

La plataforma informativa Maíz y Soya  trató los impactos en la comercialización y el consumo de los productos agrícolas ecuatorianos. Los cambios en los hábitos de consumo de los alimentos, debido a la merma en los ingresos familiares por los efectos económicos y laborales del COVID-19, fueron descritos por el Director de la oficina en Ecuador, en un diálogo virtual.

“Cuando hablamos de desempleo, hablamos de familias que no van a tener la capacidad económica para adquirir los alimentos como antes. Muy probablemente la gente priorizará la ingesta de carbohidratos para luchar contra el hambre, al ser más económicos.  Con lo cual se desequilibrará la dieta de las personas, que tendrán una menor ingesta de proteínas”, manifestó. Pero, también existe la posibilidad que los consumidores busquen alimentos que  fortalezcan el sistema inmunológico, como frutas y vegetales ya que estos tienen más vitaminas.  Esta situación debe ser aprovechada por los campesinos y productores para orientar sus cultivos, “aprovechando las ventajas climáticas y de suelo que tenemos, pero a través de una agricultura más eficiente, que piense también en el mercado externo, para conseguir los recursos que ahora se han mermado. Si no logramos resolver esta situación de pobreza, desempleo e inseguridad alimentaria, el Ecuador y las zonas rurales se enfrentan a un nuevo episodio de alta emigración”.

Ney Barrionuevo resume estos meses de confinamiento físico, pero de arduo trabajo de investigación, asesoría y divulgación en los que la oficina de Rimisp en Ecuador, ha sido una fuente consultada tanto por las autoridades, por organismos como el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Programa Mundial de Alimentos (PMA); así como por los medios de comunicación, sobre los impactos de la pandemia en el agro en particular y en el medio rural en general. “Y también sobre propuestas estratégicas para la reactivación post pandemia. Desde Rimisp hemos respondido mediante la sistematización de la información sobre los estragos sanitarios, económicos y sociales del COVID-19; estimaciones sobre los impactos en el mediano plazo, construcción de escenarios probables en lo que resta del año actual y el 2021”.

Sobre esta base se han planteado propuestas de medidas de mitigación y de recuperación, orientadas a la protección de poblaciones especialmente vulnerables desde el punto de vista económico y alimentario por un lado, y por otro, para sostener tanto la producción del mercado interno, que garantiza la seguridad alimentaria, como para apoyar al sector agroexportador y así evitar la pérdida de divisas en una economía dolarizada y de empleos rurales.

“La oficina de Rimisp en Ecuador ha retomado el Grupo de Diálogo Rural (GDR), que se centrará en el análisis del impacto del COVID-19 y en construir propuestas desde los actores productivos para la reactivación. También hemos sido invitados a participar en otros espacios de análisis como Impares “Encuentros de Diversidad” y Diálogos Vitales del IDE, que tienen como denominador común la construcción de propuestas estratégicas país desde la sociedad civil, con un énfasis en el mundo rural”, indicó.

 

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