América Latina, como prácticamente todo el planeta, enfrenta una crisis sin precedentes, que ha obligado a los gobiernos a tomar medidas en distintos ámbitos. En el corto plazo, éstas se han concentrado fundamentalmente en materias de salud y economía. Sin embargo, la incidencia y las respuestas al COVID-19 en la región son variadas y cambian rápidamente. La serie de análisis de coyuntura que hoy iniciamos se propone indagar en la forma cómo distintos países de la región están gestionando estos asuntos, poniendo especial énfasis en la forma cómo estas decisiones afectan a los territorios al interior de los países y sus habitantes.

Aunque en toda la región la incidencia del virus es mayor en zonas urbanas que rurales, ya comienzan a evidenciarse los estragos de la rápida expansión y consecuente concentración de casos en localidades rurales y pobres. En estos territorios, la capacidad de respuesta en materia de diagnóstico y atención sanitaria es más lenta y es de esperar, además, que el impacto económico de la crisis sea mayor por la fuerte presencia del empleo informal y la acumulación de desigualdades socioeconómicas que caracteriza a las zonas rurales.

La ya conocida heterogeneidad territorial de América Latina puede resultar particularmente crítica en las actuales circunstancias, pues, como resulta evidente al analizar las medidas adoptadas por los gobiernos alrededor del mundo, para detener la expansión del coronavirus y mitigar sus efectos sobre la economía y el bienestar de los hogares, se requiere de un manejo fuertemente centralizado. Como nunca antes, el control de esta crisis nos obliga a repensar la relación entre Estados, territorios e individuos, así como entre lo global, lo nacional y lo local.

Entre lo global y nacional, más allá del actual repliegue de la política a escala nacional, existe un orden global que puede estar en pausa, pero seguirá tarde o temprano su curso, lo que implica que es ineludible pensar en estrategias de cooperación, al menos, en términos regionales.

Estrategias que, sin lugar a dudas, no podrán seguir poniendo en el centro exclusivamente al individuo. Así lo muestran las actuales prácticas de confinamiento, que no apuntan tanto al cuidado de la persona, sino del colectivo, e invitan a reflexionar sobre la responsabilidad colectiva para enfrentar el virus con un renovado sentido de comunidad.

En Rimisp hemos postulado en reiteradas ocasiones la importancia de incorporar en la búsqueda de soluciones tendientes al bienestar, a los gobiernos subnacionales y otros actores de carácter territorial, muchas veces excluidos de los procesos de toma de decisiones que les afectan. La actual pandemia refuerza este postulado, aunque invita a revisar la forma como se configuran las relaciones entre distintos niveles.  Especialmente, porque los gobiernos locales se han visto forzados a reaccionar ante la pandemia haciendo uso de sus facultades o presionando al gobierno central para proteger a su población.

Estos procesos son los que nos motivan para publicar durante las próximas semanas una serie de análisis de coyuntura. El foco de nuestros análisis estará puesto en aportar elementos para entender el actual momento que vive América Latina, aunque esperamos contribuir, también, con elementos para enfrentar la post crisis sanitaria, que todo hace prever, se encadenará ineludiblemente con las desigualdades socioeconómicas que estructuran nuestra región latinoamericana.

Lee aquí nuestro primer Análisis: Gobiernos Locales

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