Reequilibrar el poder entre hombres y mujeres para alcanzar un desarrollo territorial inclusivo

Crédito: Ilustradora Lolo Góngora

Esta forma en que se estructura la participación refleja un modelo de organización social que dificulta, directa o indirectamente, la intervención de las mujeres en las esferas estratégicas de poder, y que minimiza la dimensión política de los asuntos que históricamente hemos gestionado las mujeres.

Históricamente, la participación de las mujeres ha sido cubierta con un velo de invisibilidad. Con frecuencia, nuestras acciones son minimizadas al lugar de “los asuntos domésticos” y no han gozado del mismo protagonismo que las de los hombres. Aunque cueste verlo, las mujeres de América Latina siempre hemos participado activamente en asuntos políticos y de relevancia social. Todo lo que concierne al bienestar comunitario generalmente ha sido encabezado por mujeres, así como la férrea defensa de los derechos humanos en contextos de dictadura. Los avances en materias de igualdad de género han sido fruto de la movilización incansable de las propias mujeres. Nada nos ha sido regalado.

Como es evidente, esta participación pocas veces se ha plasmado en detentar poder en el sistema político o en espacios de toma de decisión. Esta forma en que se estructura la participación refleja un modelo de organización social que dificulta, directa o indirectamente, la intervención de las mujeres en las esferas estratégicas de poder, y que minimiza la dimensión política de los asuntos que históricamente hemos gestionado las mujeres.

Aunque hoy las mujeres ocupamos un espacio mayor en la política formal -en cargos de elección popular y designados, en el ejercicio del sufragio-, y también, como ciudadanas, en las masivas manifestaciones feministas que vienen aconteciendo en los últimos años en la región, la dimensión de empoderamiento político sigue mostrando brechas amplias y sostenidas. Así lo reafirma el Índice de Brecha de Género (Gender Gap Index) elaborado todos los años por el World Economic Forum, el cual señala que la dimensión de empoderamiento político es la que presenta la mayor brecha a nivel mundial.

Sabemos que las desigualdades de género son sensibles a los contextos donde se habita, de modo que aquellas brechas estructurales que enfrentamos las mujeres de toda la región, se agudizan en determinados contextos. En esta actualización, el Observatorio de Género Mujeres y Territorios de Rimisp busca contribuir a la discusión analizando las diferencias en la participación social y política de hombres y mujeres que habitan en territorios rural-urbanos de Chile, México y Colombia.

Cuando hablamos de territorios rural-urbanos nos referimos a ese gran número de ciudades, pequeñas o medianas, y a sus localidades adyacentes (más rurales) que en conjunto conforman un territorio, a raíz de sus vínculos y conexiones cotidianas. Sobre este tipo de territorios, se ha construido una clasificación, donde encontramos territorios rural-urbanos grandes (más urbanos), medianos y pequeños (más rurales). De este modo, el análisis que presentamos a continuación excluye a las grandes metrópolis, así como a territorios rurales profundos, con escasa conexión a cualquier tipo de centro urbano. 

Los resultados muestran, por un lado, que los procesos electorales cuentan con una alta participación de hombres y mujeres en estos territorios, muy por sobre los datos oficiales de participación en cada país. Esto contrasta con la baja participación en otro tipo de organizaciones sociales y políticas, que requieren una participación más duradera en el tiempo que el ejercicio electoral.

Sumado a esto, en prácticamente todos los indicadores, en los tres países, las mujeres participan menos que los hombres, y en la mayoría, con excepción de los referidos a la participación electoral, son las mujeres de territorios más pequeños, es decir, más rurales, las que menos participan.

Estas cifras muestran un panorama de desigualdad territorial y de género, donde los territorios más rurales presentan menores niveles de participación y, dentro de ellos, las mujeres participan en menor proporción que los hombres. Algunos elementos que pueden explicar estas brechas de género y territoriales es la mayor escasez de tiempo de las mujeres rurales, las distancias y las dificultades de traslado, las cuales constituyen condiciones para ejercer el derecho a la participación de forma efectiva.

Creemos que la participación de las mujeres, plena e incidente, en los diversos tipos de organizaciones sociales, productivas y políticas es clave para reequilibrar las relaciones de poder, y alcanzar un desarrollo territorial inclusivo. En este sentido, es relevante generar las condiciones para que las mujeres de territorios más rurales puedan participar en instancias de toma de decisión a nivel local, así como darle la relevancia política que merece a aquellos asuntos que las mujeres lideran, señalando con fuerza que lo que ocurre en la esfera doméstica y comunitaria es clave para la reproducción de la vida y el bienestar social.

Valentina Cortínez O’Ryan

Coordinadora Observatorio de Género, Mujeres y territorios