La agricultura familiar puede contribuir a potenciar sistemas agroalimentarios competitivos, inclusivos y resilientes. Al mismo tiempo, puede reforzar el desarrollo equilibrado de los territorios rurales, mediante la preservación de especies, de la cultura y las identidades locales, mostrando en muchas ocasiones un alto grado de adaptación al cambio climático.

Entendemos a la agricultura familiar no solo en su rol de refugio y subsistencia de los hogares más pobres, sino como un actor clave y estratégico para la provisión de alimentos y la transición hacia un sistema agroalimentario sostenible. Para el año 2050, será necesario producir alrededor de un 60% más de alimentos, por lo que se requiere potenciar sistemas agroalimentarios sostenibles, es decir, competitivos, inclusivos y resilientes.

La agricultura familiar y de pequeña escala puede contribuir al desarrollo equilibrado de los territorios rurales, mediante la preservación de especies, sus fuertes redes de protección social, y la protección de la cultura y las identidades locales, mostrando en muchas ocasiones un alto grado de resiliencia y adaptación al cambio climático.

Buscamos contribuir al desarrollo sostenible de la agricultura familiar, de pequeña y mediana escala, a través de un mejor diseño de políticas públicas, basado en la comprensión de sus capacidades y dinámicas productivas, de mercado, socioculturales y territoriales, para promover sistemas agroalimentarios sostenibles e inclusivos.

Del mismo modo, fortalecer las capacidades de diálogo, negociación y alianzas entre los distintos actores territoriales para favorecer la inclusión de la agricultura familiar, de pequeña y mediana escala en los Sistemas Agroalimentarios Sostenibles.

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