Según el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos del Ecuador (INEC), las mujeres ecuatorianas destinan 31 horas semanales de trabajo a las labores del hogar, en comparación a las 11,3 que dedican los hombres.

Preparar el desayuno, alistar a los niños para el colegio, lavar la ropa de la familia, alimentar a la mascota de casa, barrer el piso, hacer las compras, cocinar el almuerzo, ayudar en las tareas escolares, son algunas de las actividades que a diario realiza Margarita Cisneros, ecuatoriana de 43 años, quien se encarga de la mayor parte de las labores domésticas.

“Mi esposo trabaja más de diez horas fuera de casa. Él se hace cargo de arreglar el jardín, lavar el auto o jugar con nuestros hijos, pero la mayoría de las cosas de la casa las hago yo”, dice. Sonríe cuando se le pregunta si percibe alguna cantidad de dinero por este trabajo. Está consciente de la importancia que tiene su labor y del tiempo destinado a cumplirla, pero no conoce que esta realidad es parte de una estadística que poco a poco comienza a cuantificarse en América Latina.

El Tiempo de Trabajo No Remunerado (TNR) es aquel destinado a las actividades domésticas, de cuidado y de apoyo a la comunidad sin obtener un pago o remuneración. Se lo cumple en el hogar propio o en actividades para la comunidad.

De acuerdo con la última actualización de la Cuenta Satélite del  Trabajo no Remunerado de los Hogares (CSTNRH), publicada hace pocos días por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos del Ecuador (INEC),  el 76,8% del TNR fue ejecutado por mujeres y el 23,2% por hombres. Es así que, semanalmente, las mujeres dedicaron un promedio de 31 horas a estas actividades, frente a las 11,3 horas dispuestas del tiempo de los hombres.

El estudio mide 66 actividades ejecutadas por la población de 12 años en adelante –sin recibir dinero a cambio- tanto en su propio hogar, como en otros o para la comunidad, y las cuantifica económicamente.

Según la CSTNRH, entre las actividades que demandaron mayor inversión de tiempo en el hogar, la elaboración de alimentos supera más de la mitad del total, con 58,5%. Le sigue el mantenimiento del hogar con 20,5%, el cuidado de ropa y confección con 15,2% y otras como las compras, administración del propio hogar o apoyo a otros hogares representan el 5,8%.

El aporte de los hombres al mantenimiento del hogar es superior respecto a otras acciones, pues asciende a 30,2%. En tanto, las actividades culinarias se llevan mayoritariamente la participación femenina con 86,3%, contra el 13,7% del tiempo invertido por los varones.

De acuerdo a las estimaciones del organismo estadístico en 2019, en valor monetario esta diferencia se traduce de la siguiente manera. El aporte anual de las ecuatorianas a la economía del hogar es del 76%, que equivalen a $15.1 mil millones de dólares, frente al 24%, es decir $4.7 mil millones de dólares, de parte de los hombres.

En el período pasado, se estableció también que la participación de la mujer en el cuidado de los niños es mayor, con un 84,7%, mientras que los hombres registran un 15,3%.

El valor del TNR representó el 33% del gasto de consumo final de los hogares en la economía total, esto significa que por cada $100 dólares de gastos de los hogares existe un ahorro de $33 dólares debido al no reconocimiento económico del trabajo reproductivo o no remunerado.

Dicho informe también recogió que, independientemente del grupo étnico al que pertenezcan, las mujeres muestran mayor participación en la producción del TNR respecto a los hombres. La brecha más alta se encuentra en el segmento de afroecuatorianos, con un 80,3% de participación de la mujer. Le sigue el 78,6% registrado en la categoría de blancos, a continuación el 78,3% en mestizos; continúa el 77,3% en el grupo montubio y finalmente el 76,3% en el segmento poblacional de indígenas.

El objetivo de reportar este indicador es ampliar el conocimiento sobre las actividades domésticas no valoradas, con el fin de reconocer de manera integral el aporte económico de todas las formas de trabajo (actividades remuneradas y no remuneradas), e integrarlo en las políticas públicas. Los primero resultados, consignados al respecto,  fueron clave para la creación de la Ley de Justicia Laboral y el Reconocimiento del Trabajo en el Hogar, en 2015.

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