Editorial:

Hace poco más de tres años en Rimisp comenzamos a trabajar sobre juventud rural, con el foco puesto en cómo generar más y mejores oportunidades económicas para las personas jóvenes que viven en territorios rurales, de manera tal de desincentivar la creciente tendencia a la migración y el envejecimiento de la población del campo.

Para avanzar en esa dirección, nos propusimos una agenda de investigación y diálogo de políticas orientada a mejorar nuestro conocimiento y comprensión de los problemas que afectan a la juventud rural, adentrándonos también en las aspiraciones y expectativas que estos jóvenes tienen sobre su futuro y las dificultades que enfrentan para realizarlas.

En este camino, y gracias a la evidencia proveniente de nuestra investigación en distintos países latinoamericanos, llegamos algunas conclusiones importantes, que hoy definen la hoja de ruta desde la cual seguimos trabajando en pos de la juventud rural.

La primera de ellas es una invitación a superar la idea arraigada sobre la juventud rural como un problema. Ello no implica desconocer que las personas jóvenes encuentran severas dificultades para acceder a oportunidades laborales en el campo y enfrentan importantes brechas respecto de sus pares urbanos. La invitación es a mirar al mismo tiempo estas brechas y restricciones, con el conjunto de oportunidades derivadas del hecho de encontrarnos ante la generación de jóvenes rurales más educada e innovadora que hayan visto en su historia las sociedades rurales de América Latina.

A partir de ahí, proponemos entender la migración y la permanencia en el campo como un continuo, valorando las trayectorias de muchos jóvenes rurales que transitan mucho más fluidamente que sus padres y abuelos entre el campo y la ciudad, combinando proyectos de educación, emprendimiento y empleo, en una dinámica que -de ser adecuadamente comprendida y potenciada por las políticas públicas- puede redundar no sólo en mejores oportunidades para los jóvenes, sino también, en alternativas más sostenibles de desarrollo territorial rural.

Durante estos años hemos acompañado y escuchado las voces de muchos y muchas jóvenes que se sienten orgullosos de su identidad rural y no quieren renunciar a ella. Migran ante la falta de oportunidades de estudio y trabajo, también por la violencia que lamentablemente aqueja a muchos territorios rurales de América Latina y que -más lamentablemente aún- en ocasiones se presenta como un medio de vida posible para la juventud. Pero muchos de los que migran quieren volver. El problema es que no encuentran apoyo para hacerlo.

Las políticas públicas están en deuda con la juventud rural, porque no generan condiciones adecuadas para hacer del medio rural un lugar atractivo para vivir y realizarse.  Un ámbito crítico de estas políticas es la educación, que requiere innovar en la búsqueda de alternativas de formación más pertinentes y adecuadas, tanto en términos de contenidos técnicos, como en su capacidad de adaptación y respuesta a estas trayectorias de tránsito entre lo rural y lo urbano, como parte del proceso de construcción de un proyecto de vida. Algunos ejemplos de cómo la educación puede constituirse en una oportunidad o ser una restricción, es lo que revisamos en este primer boletín institucional de 2020.

Ingresa tu correo electrónico para recibir nuestros newsletter.

Noticias similares