Participante del colectivo “Unión de ejidos y comunidades en defensa de la tierra, del agua, la vida Acolhua” del municipio de Ixtacamaxtitlán, en la Sierra Norte de Puebla en México, lleva siete años oponiéndose a las dificultades que han generado los intereses extractivos de una minera en su territorio y los de hidroeléctricas en su región.

Francisca en una asamblea informativa

Francisca fue entrevistada por la Dra. Valentina Campos, académica investigadora de la Universidad Iberoamericana Puebla, socio territorial de Rimisp para la ejecución del programa “Territorios en Diálogo. Inclusión y Bienestar Rural” y nos relata los diferentes costos y problemas cotidianos que conllevan dedicar una parte importante de su vida a luchar por la erradicación de un conflicto socioterritorial presente en su localidad.

Francisca, vive en Santa María Sotoltepec y señala que uno de los problemas -no siempre vistos a primera vista- que ha suscitado el proyecto minero en la localidad y en la región, es la división de la gente. Indica “ya no somos un pueblo que todos nos veíamos bien, nos invitábamos, convivíamos, en sociedad, el ser hermanados, eso se fracturó. Yo he sufrido mucho con este punto, porque yo toda mi vida he vivido aquí en el pueblo” señalando que ha llegado a extremos en que en su propia familia ha generado que ya no tengan el mismo trato hacia ella. “Desde pequeña promoví muchas cosas: las misas, las pastorelas, el coro, la organización del baile de niños, de jóvenes, señoras para trabajar en la comunidad, tenía mucha relación con la gente. Cuando entro a la lucha pensé que toda la gente se iba a venir conmigo, pero ya estaban trabajando con los mineros, y cuando yo llego con mis cosas, me tachan de ignorante, que cómo podía estar en contra de la minería, del progreso del pueblo. La gente me empezó a ver de otra forma, eso me dolió mucho, el saludo no me lo daban, o me lo daban con sequedad, y eso me dolió porque estaba muy apegada al pueblo y a la gente, pero ya me hice resistente. Ahora no me intimida nada, cuando lo recuerdo todavía me pongo melancólica, es lógico, pero ya no vivo con esa tristeza, angustia, además ya gané gente, ha valido la pena, ya no somos uno o tres, ¡ya somos muchos!”

¿Qué hace que seas una líder de tu comunidad?

El respeto de la comunidad, el trabajo, la paciencia cuenta mucho, la humildad y perseverancia son cosas importantes para tener el respeto de los demás, a pesar de que ha habido personas que me han querido agredir, nunca les he dado la oportunidad de caer en una discusión de pelea, siempre les he seguido saludando con amabilidad y la sonrisa de siempre. Soy afortunada, gracia a Dios, eso ya lo traigo, no me lo puedo quitar, no soy seca ni seria, ese don que Dios me regaló ha sido mi fortaleza, mi pilar, la forma en la que soy, cuando tengo coraje lo saco. Me conduzco con respeto, no les he dado oportunidad de caer en su juego. En mi alma no traigo odio. Eso me abre las puertas para seguir socializando.

¿Qué ha significado para ti participar en la oposición a la mina?

No ha sido fácil, me ha costado bastante, me ha costado dinero, tiempo, esfuerzo, salud, puede ser un ejemplo para los que no se han involucrado, pero cuando les platico las impulsa. Yo comparto mi historia y les da fuerza y sirve para que sepan que sí se puede y que deben ser fuertes y luchar y dejar el miedo, porque el miedo es bueno, pero no para todo. Quiero dejar sembrado esta fuerza de luchar.

¿Qué importancia tiene la participación de las mujeres en el desarrollo del territorio?

Es fundamental, es muy grande, fuerte. El nuestro es un grupo de mujeres que hemos logrado reunir todo el trabajo que podría hacerse, nos organizamos desde hacer la comida, tomar la palabra, tomamos las acciones más rápidas, más operativas, pero nos consultamos, nos pedimos opinión, nos ayudamos, nos cooperamos ¡Sacamos fuerza de todas! La participación de las mujeres es de corazón, la mayoría son madres, saben el amor, somos más solidarias, apapachadoras, activas, decididas, cumplidas. Ocupamos un lugar importante en decisión, acción y sensibilidad.

Trabajando con la comunidad

¿Qué tanto están involucras las mujeres en las decisiones que se toman?

En la comunidad ya se toma más en cuenta la palabra de la mujer, ya podemos participar, antes no, antes solo los varones. La mujer siempre ha querido participar, pero antes se tenía la idea de que la mujer era solo diseñada para tener hijos, coser y lavar ¡Así se veía en los pueblos! ¡Todavía existe! A los hombres les gusta que la mujer esté en la casa, con la comida hecha y la ropa limpia, para ir por la leña, cuidar las borregas, los pollos, guajolotes ¡no tenían voz para otra cosa!

Pero la cosa ha cambiado por las escuelas que han ido involucrando a las mujeres en sus actividades. Igual está pasando en los ejidos. La mujer es activa, lo que hacía falta es que se abrieran las puertas. No quiere decir que se menosprecie a los hombres, pero ocupamos un papel muy importante y somos entronas y si se trata de algo, a darle ¡Cuando nos proponemos hacer algo, agárrense porque nadie nos para!

¿Qué importancia tiene la participación de las jóvenes en el desarrollo del territorio?

Es importante que se integren porque las mayores vamos a ir saliendo y estas luchas son muy largas, no se terminan en unos cuantitos años, ¡entonces hay que dejar la semilla! A las de media edad, a las que siguen y así que no se pierda este grupo, porque no sabemos qué venga de aquí a mañana. Que sea una cadena de edades y etapas para las nuevas generaciones. Las jóvenes mujeres tenemos que construir qué queremos hacer para fortalecer el pueblo, pero también si quieren irse, no podemos obligarlas. Debemos inculcar que se queden a apoyar a sus pueblos porque estamos en una etapa donde no tenemos jóvenes que estén al 100% apoyando a los pueblos. ¡Necesitamos gente de nuestro pueblo!

 

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